Ana llevaba meses apagada por el ritmo de oficina y pantallas. En Ourense, entre vapor y paseos cortos, volvió a dormir profundo. Descubrió que decir “no” a una reunión tardía era decir “sí” a su cuerpo. Nos escribió con gratitud, prometiéndose repetir con amigas para sostener el cambio.
Iker se recuperaba de la rodilla tras una lesión jugando fútbol. En la Vía Verde comprobó que podía avanzar sin miedo, marcando pausas y celebrando tramos. El baño tibio posterior calmó inflamación y ánimo. Ahora acompaña a su aita algunos domingos, caminando juntos y conversando cosas que antes callaban.
Laila, escritora, perdió ritmo creativo y autoestima. En la Garrotxa, un paseo entre hayas y lava petrificada, seguido de un chapuzón en aguas tranquilas, le regaló metáforas nuevas. Volvió a su cuaderno, abrió un boletín y pidió recomendaciones. Nos alegró leerla; contagió a otros lectores a intentarlo también.
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